Ingratitud ¡Qué feo tu modo!


¿Por qué la gente es desagradecida? Es una pregunta que me haré siempre y creo que por más que quiera encontrar una lógica, un razonamiento o un planteamiento consecuente, nunca entenderé el por qué de ese comportamiento. Mi imaginación no alcanza a entender la naturaleza de esas personas que no pueden agradecer. En lo personal es algo que no me agrada pero que lamentablemente he vivido en muchas ocasiones.

¿Te has topado con un malagradecido? Yo sí, y varias veces. No me dejarás mentir que es una experiencia que quisieras borrar de tu mente, que hubieras preferido nunca haberla vivido. Es probable que nunca lleguemos a entender el por qué algunas personas pueden llegar a ser desagradecidas; después de recibir tantos favores un día y al siguiente quieran sacarte los ojos. Ahora entiendo la frase “cría cuervos y te sacarán los ojos”. ¿Qué acaso los malagradecidos no han escuchado que recibiremos en esta tierra el fruto de lo que sembremos? ¿Acaso no tienen conciencia que tarde o temprano el que la debe la paga? ¿Será posible que no haya escuchado sobre la ley de la vida que todo te regresa aumentado? Es muy probable que los malagradecidos hayan pasado por alto todas estas grandes verdades, sin embargo no es impedimento para que reciban su recompensa.

Llegas bien bañadito, perfumado y con una intención franca de dar el máximo posible al encontrarte en una entrevista de trabajo. Tienes la oportunidad de sobresalir y te contratan, los primeros días resultan una experiencia inolvidable y fuera de este mundo la relación con tu jefe y compañeros nuevos. Llegas temprano, antes de la hora, y no pierdes el tiempo y trabajas laboriosamente para cumplir con las actividades. Recibes el primer pago con mucho gozo y con una refulgente sonrisa, le das gracias a Dios y sientes que toda tu vida tiene sentido y al fin estás en el camino adecuado. Pasan tres meses en tu nuevo trabajo, ya te acostumbraste a ver a tu jefe todos los días a tal grado que ya ni saludarlo te causa motivo de una retraída sonrisa. Ya no estás tan interesado en llegar temprano y si lo haces es para poner el desayuno en tu escritorio que consiste en 3 pupusas y un café. Ya son las 9 am y tu apenas vas abriendo el sistema de la empresa, deseando que sea la hora de almuerzo. Tienes ya un cúmulo de trabajo atrasado y ya no sabes qué excusa poner o en que compañero nuevo te limpiarás por tu incumplimiento, la próxima víctima podría ser el señor portero, el encargado de la limpieza o bien pudiera ser por enésima vez tu compañero de departamento. Tu querido jefecito te dice que por favor te quedes a una reunión después de la hora de salida y es motivo para dedicarle un raudal de “bendiciones” a él y a esa linda mujer que le dio la vida. Estás peleado con la mitad de tus compañeros de trabajo y en ninguna enemistad tienes la culpa. Te quejas con Dios de por qué la vida es así, comienzas a tener un mal humor todo el día y lo menos que haces en la empresa es trabajar y cumplir tus obligaciones. ¿Qué pasó? Yo te lo diré, sin querer o sin pensarlo estás en los terrenos del que no agradece.

Ese día que se vieron pensaron que era el mejor día de sus vidas, que solo fue superado por aquel día en que se prometieron amor eterno hasta la muerte. Ya han pasado doce meses y pareciera ser que ya te acostumbraste a ver a tu pareja, los halagos, piropos y poemas han desaparecido de tu boca. La última rosa que le diste a tu esposa yace disecada entre las hojas de un libro que ya tiene seis meses de no abrirse. La última vez que le preparaste una sorpresa culinaria a tu esposo pareciera ser un recuerdo desabrido que difícilmente volvería a pasar. Ya no te arreglas para tu pareja, ya no tratas de estar presentable. El trabajo y las presiones de la vida han logrado abrir un espantoso y profundo barranco entre ambos. ¿Qué pasó? Sencilla es la respuesta: la ingratitud tocó a la puerta de tu relación y la dejaste entrar.

No cuesta nada decir gracias, no cuesta nada no morder la mano que nos da de comer. Seamos agradecidos, hagamos la diferencia este día. Te reto a que hoy hagas un acto de agradecimiento, invita a comer a tu pareja, dale un abrazo a tu amigo, escríbele un poema para decirle buenos días a esa persona especial para ti. Recuerda, nunca es tarde para hacer las cosas bien.

Hechos 20. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

por Josué Manuel Guzmán

josueguzman.wordpress.com

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