Al que quiere endurecer, endurece


Cropped screenshot of Yul Brynner as Ramses fr...

Image via Wikipedia

Más de alguna vez hemos visto la famosa película estadounidense de 1956 Los Diez Mandamientos, protagonizada por el famoso actor Charlton Heston interpretando a Moisés y a Yul Brynner personificando al Faraón Ramsés II. En ese filme observamos que el Faraón de primas a primeras no accedió a la solicitud de Moisés la cual era liberar al pueblo esclavo Israel. Primero Moisés lo intentó por la forma diplomática, con una conversación con el Faraón, este último no entendió razón y siguió con su terquedad. Viendo Dios lo arrogante y terco que era, endureció aún más su corazón a tal grado de no ceder ante cualquier intento de persuasión de parte de Moisés. Recurriendo a las famosas plagas de Egipto siendo la última, la muerte de todos los primogénitos egipcios, Ramsés II dobló el brazo y aceptó que Moisés se llevara al pueblo esclavo.

No he escrito este día para contarte una película que ya te puedes hasta de memoria, sino para que veamos la manera tan extraña como pensamos y por ende actuamos. Hemos recordado como el Faraón fue terco y orgulloso, tanto así que prefirió sufrir la desgracia de grandes castigos de Dios. La última plaga de muerte a todos los primogénitos de Egipto fue la que apuñaló su orgullo y corazón, no sin antes pasar por un fuerte sufrimiento de presenciar la muerte de su propio hijo. Ha pasado mucho tiempo desde esa historia bíblica en Egipto, sin embargo esa dureza de corazón se sigue notando en nuestros días casi sin ninguna evolución. Si bien es cierto el hombre ha hecho grandes inventos como el carro, aviones, barcos y grandes máquinas, sin embargo hemos visto poco o nulo crecimiento en la madurez de nuestro pensar y actuar.

Nosotros tenemos la capacidad desde que nacemos de estar en armonía con Dios, esto ya que somos creación de Él. Cuando crecemos y tomamos conciencia de lo que es bueno y malo es otro factor irrefutable que Dios nos habla. Desde el mismo momento que sabes que determinada acción es mala o buena, es evidencia de que Dios se ha comunicado contigo. Es justamente en ese momento cuando actuamos como el mismísimo Ramsés II de la película: orgulloso y terco.

Cuando endurecemos el corazón, este se nos pone de piedra y nuestro orgullo y altanería nublan nuestra ya desgastada visión. He visto personas que han permitido que su hogar se destruya antes de aceptar un consejo y una ayuda. Cuando tenemos el corazón duro, y porque no hemos querido ablandarlo, viene Dios y endurece aún más el corazón, convirtiéndonos en personas aún más necias, desobedientes y orgullosas, capaces de soportarlo todo con tal de mantener nuestra, muchas veces, estúpida posición.

Pero viene ese día, ese momento inevitable en que tienes que pagar el valor de la factura de tus pensamientos y actos. Viene esa calamidad, viene ese momento de extremo dolor y llanto que nos doblega, que nos humilla al límite, que nos apuñala el corazón y lo destroza. ¿Crees que es necesario que Dios llegue a ese extremo en nosotros? Yo creo que no, somos personas inteligentes y entendidas. Estemos más atentos a lo que Dios quiere hacer en nuestra vida este mismo día, y pongamos un corazón más tierno y suave.

Romanos 9. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

por Josué Manuel Guzmán

josueguzman.wordpress.com


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