Si yo fuera el Sr. Presidente…


Esta es una frase que más de alguna vez hemos declarado en los momentos de tertulia con nuestros amigos. Al ver el poco o nulo esfuerzo de algunas personas en eminencia en apoyar un desarrollo sostenible del pueblo y de fomentar la educación y la salud, es casi que natural la manera como expulsamos ese malestar: Si yo fuera el Presidente llevaría a cabo esta y otra política. El problema resulta cuando esa manera de desahogo es continua y generalizada, creando así una cultura la cual lamentablemente vivimos hoy en día en nuestra sociedad.

Es cierto que la mayoría de las personas que están en altos puestos lo único que buscan es el bienestar de ellos y el de los suyos sin importar a quién pasan atropellando; sin embargo no es excusa como para tomar la actitud de sólo criticar el trabajo de cada uno de ellos.

Tengo bien clara la idea que el pueblo tiene a los dirigentes que se merece y esa es una declaración aterradora si pensamos que los actuales dirigentes son mediocres e irresponsables. En nuestra cultura estamos acostumbrados a quejarnos de lo peor que va el país, de lo malo que está, de las pocas oportunidades de empleo y de la inseguridad. Estamos hartos de tanto robo en las calles, en los buses y en las colonias, estamos hartos de no ver adelantos en casi ningún proyecto. Vemos discusiones candentes entre los padres de la patria, pero nunca vemos una mejoría en nuestro bolsillo, en nuestro entorno. Si tienes razón, nuestros políticos y dirigentes (independientemente del tinte partidista) no son perfectos y distan mucho de serlo; pero ¿estamos comportándonos nosotros como los mejores ciudadanos? ¿Estamos dando el ejemplo de personas íntegras? Yo no entiendo cómo es que la mayoría de la gente dice “el dinero no me alcanza”, “hoy el tiempo está mucho más difícil que antes” y los centros comerciales pasan repletos casi que todo el día, todos los días. Centro comercial que abren, centro comercial que se llena. Nos puede faltar la comida en las casas, pero la señal satelital de televisión no puede faltar, el celular de moda lo tenemos, el equipo de sonido de alta fidelidad y el televisor LCD son artilugios imprescindibles en nuestra sala y que jamás pueden faltar.

Creo que si fuéramos un poco más ordenados en nuestras finanzas, trabajáramos a conciencia en nuestros puestos de trabajo, rindiéramos toda la capacidad que está en nosotros y nos quitáramos esa idea utópica de que el Gobierno tiene que resolver nuestros problemas, nos convirtiéramos en un pueblo único en el mundo, lleno de progreso y bendiciones de Dios. Paradójicamente hemos construido fuertemente la cultura de la constante crítica despiadada que viene acompañada de todo desinterés de hacer las cosas bien. Nos pasamos el tiempo filosofando que si yo fuera presidente, que si yo fuera el dueño de la empresa, que si yo fuera el pastor de la iglesia, las cosas fueran diferentes. Discúlpame pero el Gobierno de ningún país tiene la culpa que muchos hombres malgasten su quincena en vicios como el cigarro, bebidas alcohólicas y mujeres. Nuestras autoridades no tienen la culpa que nuestros hijos se pinchen para inyectarse alguna droga, que hayan dejado el grado escolar por malos estudiantes que no presentan las tareas y que posteriormente no encontró un trabajo bien remunerado. Nuestros dirigentes no tienen la culpa de que tu hija salió embarazada a los 15 o 18 años y que ahora no tiene oportunidades para salir adelante.

Si queremos que nuestros dirigentes cambien, es requerido e imperante que empecemos a construir una cultura diferente, donde todos nos pongamos de acuerdo en una misma dirección, donde todos tengamos la mejor disposición en cooperar y ayudar a nuestro vecino, a desear y vigilar el bien del prójimo. Dios nos manda a unirnos, a cooperar unos a otros. Buscar la solución todos es mucho mejor que dejar que nuestros gobernantes la busquen por nosotros. ¿No estás a gusto con tus gobernantes? Ten por seguro que hay algo en nosotros que debemos cambiar, porque tenemos justamente lo que Dios tiene seguro que nos merecemos.

Romanos 13. 1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

Por Josué Manuel Guzmán

Puedes contactarme al correo pastorjosueguzman@gmail.com


One response to “Si yo fuera el Sr. Presidente…

  • Audelia Escobar

    Realmente tiene razon pastor, tenemos que encontrar soluciones ademas Dios pone reyes y quita reyes y tenemos que estar sujetos a ellos y no tenemos que estar solo guzgando lo que pasa a nuestro entorno sino que tratar de ayudar…

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