Desierto: Día 1 (Serie 1 de 3)


Introducción

Recuerdo que literalmente estaba contando los segundos para que sonara el timbrazo de salida en la empresa donde trabajaba. En mi época de empleado en la empresa privada nunca fue cinquero, pero ese día mi estómago me decía que teníamos (él y yo) que llegar lo más pronto posible a casa. Soy de esas personas que en problemas delicados de estómago quiere solucionar la situación solamente en su casa, en ningún otro lado. Recuerdo que todo mundo extrañado que yo me fuera a las cinco de la tarde, pero sin mayor explicación y tal cual salvaje arranque el carro y me dispuse a recorrer el bulevar del Ejército Nacional (Artería principal en El Salvador). No me duró mucho el ímpetu de correr por las calles, estaba totalmente abarrotada. Ese día lo recordaré por muchos años más, quería literalmente apartar con mis manos a todos los buses, camiones y carros, pitaba incesantemente con la esperanza que eso fuera a remediar el tráfico milagrosamente. Creo que llegué a orar y pedir que Dios mandará fuego y consumiera todo automotor en mi camino. Regularmente me tardaba 45 en llegar a mi casa, ese día por cosas del destino el viaje angustiante duró un poco más de 90 minutos.

Esto es casi definitivo, a ningún ser humano en sus cabales le gusta esperar. Nadie con más de dos dedos de frente le gusta la demora.

A nadie le gusta estar esperando al dentista, mucho menos si escucha el horroroso y macabro sonido del taladro asesino del dentista. A nadie le gusta esperar el día en que alguien te dijo que te iba a llevar una sorpresa. A nadie le gusta esperar para tener su novio o novia.

Sólo hay algo que puede superar la demora de 90 minutos dentro de un carro cuando padeces de retorcijones. Es cuando debes esperar por una solución, aún sabiendo que puede venir de parte de Dios.

Eso es lo admirable en el gran patriarca Abraham, que tiene que obedecer al Señor, caminando tres días y tres noches con la espera como única compañera.

Tres días de mucho estrés para un padre que recibe la orden de matar a su hijo. Tres días de demora es mucho más que una demora en un carro, es casi el fin del mundo.

Cuando lo que ves son espejismos

Dicen por ahí que hay tres ópticas diferentes de uno mismo. Como te ven los demás, como te ves a ti mismo y como realmente eres. Para que puedas ver la diferencia de estas tres ópticas antes debes pasar por el desierto personal.

Luego de pasar el desierto, Moisés jamás fue el mismo. Ya no era aquel hombre que apaleó al egipcio. Luego de pasar el desierto se conoce. La espera pudo haber sido molesta pero al final lo hizo encontrarse consigo mismo.

Ahora Moisés no hará caso a los demás, es más ni siquiera hará caso a su misma carne. Él sabe ya sus debilidades y sus puntos fuertes. El desierto no es más que la universidad de la vida, aquel lugar que nos confronta con nuestro propio yo.

¿No te ha pasado que luego de sentirte bien con Dios, que por fin llevas una semana sin pecar deliberadamente, te das cuenta que un pensamiento impuro se está colando muy dentro de tu corazón?

Sucede que en muchas ocasiones lo que se ve en la superficie no es la misma realidad anidad en las profundidades de nuestra persona. Dios necesita trabajar con nuestra personalidad en el desierto, sacar a luz nuestro lado oscuro, lo tenebroso y lo que nadie sabe de nosotros. Dios quiere sacar a ese monstruo que llevamos dentro y que sale solo cuando nadie nos ve.

Lo mismo le pasó al pueblo de Israel, que luego de bendecir a Dios y proclamar con júbilo la abertura en seco del Mar Rojo y el maná; amenazan al propio Moisés de regresarse a Egipto si esperan un poco más para entrar a la tierra prometida.

Resulta increíble cómo lo que unos pocos días pueden lograr hacer en nuestro carácter.

Luego de predicar muchas veces de las bondades de la paciencia, un retorcijón y un ínfimo tráfico fueron capaces de sacar a luz mi poca paciencia, paz y serenidad. La espera en el desierto siempre nos muestra lo que realmente falta pulir en nuestro carácter.

Si sólo existieran en nuestra vida los días frescos y tranquilos, caeríamos en el error de vivir en una falsa realidad, una vida llena de espejismos.

El mundo está lleno de personas que parecieran vivir en un simulador, creen que lo tienen todo solo porque poseen una gran suma de dinero en el banco. Pero cuando se da la banca rota se dan cuenta que nunca han vivido felices.

Consideran que tienen un buen matrimonio porque casi nunca discuten. Pero cuando viene la presión de una grave enfermedad o la infidelidad, despiertan con la noticia que vivían en una burbuja.

Viven en espejismos, pedalean en bicicletas fijas, suben gradas en los “steps” de los gimnasios y corren en las bandas sin fin. Es por esta razón que el primer día en el desierto resulta importante para hacer que aterricemos en el mundo real.

Las 3 fases del día 1

La primer fase son los primeros momentos de espera, de demora, de saber que Dios tarde o temprano actuará. En esta fase oramos y le recordamos a Dios todas las promesas de la Biblia. Que no hay justo desamparado, que el que toca se le abrirá. Pero justo en esa fase es donde Dios quiere sacar nuestro verdadero yo, quiere que dejemos la cápsula de espiritualidad que llevamos puesta, quiere que dejemos ese simulador de espiritualidad.

Ya en esta fase ya no hay lugares para reclamos, ya no te sientes con derecho a las promesas, ya tus oraciones son “Señor, estoy hablando en serio, ya provee una solución a mi vida, yo se que tú puedes, no seas malito.”

Pero ¿sabes qué? A Dios no lo mueve la conmiseración, la necesidad. Es inútil que cuando ores las rodillas te sangren, o que te deshidrates por la cantidad de agua que te ha salido por los ojos. A DIOS LO MUEVE TU FE.

Del reclamo de la herencia, pasando por el camino de dar lástima se llega a la tercera fase. El enojo y la frustración. Acá justamente perdemos la brújula y ya no sabemos si esto proviene de Dios, del diablo o de nuestros errores.

Ya cuando vemos que todo acabo, que ya perdimos la paciencia, que sacamos a nuestro verdadero yo, Dios habla a nuestra vida y nos dices ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo tu felicidad se basará en que todo este bien en tu vida?

Lo que el primer día nos enseña es que nuestra relación con Él está por encima de cualquier circunstancia.

Génesis 22: 3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.

Autor Dante Gebel
Paráfrasis y agregados por Josué Manuel Guzmán

One response to “Desierto: Día 1 (Serie 1 de 3)

  • Audelia Escobar

    wow,que interesante reflexion, realmente Dios quiere que mostremos el verdadero yo y dejar que El pula todo lo que no le agrada…Gracias Dios…Bendiciones pastor..

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