Desierto: Día 2 (Serie 2 de 3)


¿No te has preguntado alguna vez cómo era Elías, Moisés o Daniel? Yo creo que más de alguna vez hemos pensado en esos grandes personajes de la Biblia. Hombres totalmente consagrados, pasados por fuego y llenos del poder de Dios. Cuando veo a estos héroes de las grandes ligas pienso que Dios tiene sus consentidos, es que no me puedo imaginar al gran Josué con temores en la batalla, no me puedo imaginar a David vacilar en su reinado, mi mente no concibe la fuerza con que Abraham caminaba al monte Moriah para sacrificar a su hijo. Todos estos hombres han tenido un denominador común: su fortaleza surge de su propia debilidad. No se trata de nada especial que tengamos o no, se trata de no darse por vencido, esforzarse y sacar fuerzas de las flaquezas. Es muy bonito el versículo que encontramos en Daniel 11:32b “mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.” Hemos visto que el primer día de desierto es el concerniente al aspecto personal; el segundo día de desierto es el aspecto espiritual, y sino conocemos a Dios es imposible cruzarlo (el desierto espiritual), ya que es mucho más difícil esforzarse en avanzar cuando lo único que se ve adelante es solamente la arena.

Entrenando para las grandes ligas

La etapa del segundo día de desierto es horrible y sumamente difícil.

Es cuando te dices a ti mismo “perfecto, me esforzaré por empezar a realizar las cosas correctamente, intentaré orar una vez más, intentaré un ayuno e intentaré buscar el rostro de Dios”. Pero a la vez te preguntas hasta cuándo aguantarás el “látigo del desprecio de los cielos”, te das cuenta además que ya no sientes nada, las predicaciones te parecen aburridas, las canciones te resultan monótonas y ya hasta el saludo del pastor te hostiga.

La mayoría de estudiosos de la Biblia opinan que tarde o temprano todos los cristianos atraviesan un período en el cual parece que Dios los ha abandonado.

Es justamente en ese momento en que muchos, equivocadamente, intentan recuperar su comunión perdida.

Ahí esta precisamente el problema, en esa palabra “Intentar”. No puede intentar orar, ayunar, intentar buscar más de Dios e intentar recuperar la comunión.

Muchos estudiantes universitarios quieren graduarse intentado estudiar para los exámenes, muchos quieren tener una vida más saludable intentando ir al gimnasio. Hay quienes quieres ser espirituales, intentando tener una vida de oración y ayuno.

No se trata de intentar, se trata de entrenar.

Cuando entrenas, continuamos orando aunque no escuchemos la voz de Dios. Porque quien ha logrado conocer a Dios se esfuerza y actúa.

El que quiere adelgazar sabe que no se trata solo de ir un día al gimnasio y la gordura desaparecerá, se trata de una disciplina diaria, de comer saludable y ejercitarse todos los días, aunque no se vean cambios en muchos días.

La Palabra describe a quienes entrenaron para las grandes ligas. Cuando tu ves el libros de los Hechos, no te dice de qué manera los apóstoles tomaron vacaciones y descansaron porque estaban tristes o decepcionados, sino más bien aquellos HECHOS que marcaron la historia.

Todos esos grandes personajes pasaron por similares desiertos como los que pasamos tú y yo, pero se esforzaron por seguir adelante aunque la arena del desierto espiritual les lastimaba el alma.

Terapia saludable

El entrar a las grandes liga radica en el secreto de hacerte fuerte en tu misma debilidad. Debemos de sacarle utilidad a lo que se supone es nuestro defecto.

Todos y cada uno de nosotros tenemos debilidades con las que debemos de luchar el resto de nuestra vida. Una de mis tantas debilidades o defectos es que soy tartamudo, pero de esos que al hablar la gente te hace chiste. El gran secreto está en la manera como reaccionamos a esta debilidad o defecto.

La actitud que tomemos en esos momentos críticos es lo que hace que crucemos el desierto en tres semanas o en cuarenta años.

El gigante, ese vicio oculto como la pornografía, el alcohol, la masturbación, y otros no aparecerán el domingo por la mañana cuando vas a la iglesia, tampoco cuando acabas de orar. El gigante de tu vida esperará pacientemente el momento en que te encuentres deprimido, triste, solo y frágil.

Para ganar a todas las tentaciones debemos NO intentar sino entrenar un terapia santa. Debemos de luchar todo los días, nunca bajar la guardia, nunca tomarse un descanso, ya que ese gigante no tendrá escrúpulos y no amagará a matarte media vez tenga oportunidad.

Recuerda algo, no pierdes nada con seguir entrenando, ánimo que tu puedes hacer que tu debilidad sea tu mayor fortaleza.

Daniel 11:32b “mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.”

Autor Dante Gebel
Paráfrasis por Josué Manuel Guzmán

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