Desierto: Día 3 (Serie 3 de 3)


En lo personal tengo recuerdos de mi adolescencia que me causan mucha gracia. No fui un joven complicado con mis padres, hacía mis tareas sin supervisión, iba a clases sin que me lo dijeran y jamás necesite un apoyo didáctico para estudiar o entender las clases; sin embargo si tenía un gran mundo interior.

Irremediablemente algunas cosas se me han borrado por completo de mi mente, algunas otras adrede; sin embargo otras me siguen haciendo reír al pasar de los años.

Recuerdo los consejos de mis padres para ahorrar. Una vez fuimos a un restaurante de mucha categoría, llegó el mesero y nos brindó el menú, a mi padre, a mi madre y un servidor (por cosas afortunadas de la vida mi hermana no fue a comer en esa ocasión). Como todo un adolescente, me dispuse a ver el menú desde el punto de vista de qué me gusta y no de cuánto tengo en el bolsillo para comprar. Mis padres con fallidos intentos de convencerme de no pedir un plato de camarones (ya que era el plato más caro del restaurante), se dieron por vencido al momento de ordenar la comida.

Creo que cada uno de los que estamos acá presentes nuestros padres nos han dicho que apaguemos las luces, que cerremos el chorro, que cerremos la puerta de la refrigeradora o que colguemos el teléfono.

Mas tarde uno entiende a los padres

Algo extraño sucede cuando uno crece. Cuando las cosas ya te cuestan a ti y las debes de pagar, la idea de que” cuando sea grande mantendré la refrigeradora abierta toda la noche”, se te esfuma.

Ya para comer no buscas los camarones, buscas las pupusas acompañadas de un vaso con agua. Buscas el bote de curtido (repollo con vinagre) para comerte UNA pupusa (toril de maíz con frijol, queso y chicharrón) y así engañar a tu pobre estómago. Aunque eso trae repercusiones casi inmediatas (te imaginarás cuáles…).

Algo parecido le sucedió al pueblo de Israel. Durante 40 años vivieron algo así como una adolescencia de larga duración. En cuatro décadas viajaron en calidad de turistas. El único esfuerzo que hacían era salir por las mañanas y recoger el maná que les caía del cielo.

Desierto de la madurez

Un día llega el desierto de la madurez, el cual es el tercer día de camino. La era del siervo Josué.

Es la época de esforzarse, la época que si quieres comer vegetales frescos debes sembrar la tierra, que si quieres comer carne debes matar la vaca y prepararla. Se acabaron los días en que papá pagaba la cuenta de camarones.

¿Se acabó el poder de Dios? No para nada. Lo que se terminó fue la época del maná sin esfuerzo. Se acabó la época de turistas, ahora comienza la hora del guerrero.

Lo que sucede es que en ocasiones, como estamos conscientes que duele crecer, no queremos transformarnos en adultos. La adolescencia espiritual es un cómodo sillón del que no dan ganas de levantarse.

Cuando al final te levantas del sillón

John Maxwell dice que cuando intentes hacer algo, vas a encontrarte con un montón de gente que tratará de persuadirte de que abandones y te des por vencido. Cuando vean que no pueden lograrlo, te dirán cómo tienes que hacerlo. Y cuando finalmente lo hayas hecho, mencionarán que siempre han confiado en ti.

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One response to “Desierto: Día 3 (Serie 3 de 3)

  • Edu Mejia

    Si hay alguien que no se limito a creer fue Abraam no tenia mente de “no hagas eso…”.
    De hecho creo que ni a su esposa le pidio opinion del sacrificio de su hijo, simplemente obedecio. Tomo la madures al completar lo que se necesitaba para hacer lo que Dios le habia dicho.
    Muy buena serie. Saludos.

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