Dios es más que una Play Station 3 en Navidad


Introducción

Creo que has escuchado de un famoso empresario pesquero de Capernaúm. Un hombre fuerte, de mecha corta, seguro de sí mismo. Un hombre familiar, con una querida y servicial suegra. Un hombre trabajador que no escatima esfuerzos para llevar el sustento a casa.

Este hombre preocupado por la economía de su casa, entra al mar una noche a querer pescar esos ansiados peces que se convertirán en los recursos para sus seres queridos. Intentó pescar con todo su equipo y ni siquiera logró un chimbolito.

Este hombre echa rayos, está frustrado de no haber podido pescar y por si fuera poco se le acerca un hombre que parece no ser de la industria pesquera y le dice que salgan a pescar, que cree que será una jornada de muchos peces.

El empresario pesquero viendo la determinación de aquel hombre, decide entrar al mar nuevamente. Lo que este hombre no sabe, que por cierto se llama Pedro, es que Jesús, el hombre con el que entra al mar, la Biblia lo reconoce como el Creador y por lo tanto los peces obedecerán sus palabras y seguramente se pelearán por morir en la red que arroje aquel pescador, antes de entrar al anonimato de otro pez en los mares.

Aquel día Pedro vio el poder maravilloso de Dios a través de esa pesca maravillosa. Se puso contento, saltaba con una pierna de lo feliz que estaba. Fue a su casa y le contó a su esposa del tremendo socio que tenía en el negocio.

Limitar a Dios

El pescador reducía la prosperidad a los peces. Así hay muchos cristianos que creen tener en Dios un “socio de la empresa pesquera”. Reducen la prosperidad a una doctrina de un Dios que está obligado a darles muchísimo más de lo que sembraron.

No estoy diciendo que la prosperidad de Dios no existe, o que la ley natural de la siembra y la cosecha no funciona. Estoy tratando de decir que Dios es mucho más que una red repleta de peces.

Hemos leído Génesis 22. ¿Qué quiso decir Abraham al decir “Jehová se proveerá de un cordero para el holocausto”?

Abraham no creo que tratara de decir que Dios iba a reemplazar a su hijo por un animal, ya que él no sabía lo que Dios iba a hacer.

Tampoco creo que Abraham estaba contento en sacrificar a su hijo, creyendo que Dios le iba a dar 10 hijos más por eso del Dios de la prosperidad.

Las matemáticas de Dios son diferentes

Abraham no estaba esperando 10 hijos como recompensa de sacrificar a su hijo, él sabía que ganaría algo mucho más grande que aquello que puede dar el dinero.

Es justamente en ese momento cuando Pedro, el empresario pesquero se equivoca. Cuando Jesús anuncia su muerte, Pedro comienza a cometer muchos errores: le corta la oreja a la persona que intenta prender a Jesús, discute con el mismo Jesús el plan de redención y hasta lo negó 3 veces.

Creo que una de las pláticas internas que tuvo fue: “Dejé mi oficio, mi trabajo y ahora Jesús me dice que se irá.  ¡Si es mi socio de pesca!, ¿Qué le diré a mi esposa? Es más ¿Qué dirá mi suegra?”

Pedro sueña con una prosperidad superficial. Sueña con que Cristo unirá al pueblo de Israel para tener una lucha contra el Imperio Romano de la época. Seguramente comentó con su esposa que estando cerca de Jesús podría ostentar un cargo importante en el nuevo Estado de Gobierno que Jesús implantara luego de derrocar a Roma.

Muy probablemente por eso dejó la pesca, le convenía estar con este socio, los números le cuadraban mejor. Por tal razón que Jesús muriera era una pésima noticia para Pedro.

Es por eso que cuando Cristo muere, Pedro siente que debe empezar nuevamente de cero y va al mar a pescar.

Es más que peces

Luego Pedro entendió que Jesús es más que un simple socio de pesca, es más que salir de las deudas, es más que tener dinero en la cuenta del banco. Pedro entendió que era más que peces, es mucho más que la Play 3 en navidad, más que la computadora o una cena para el cumpleaños.

Este mismo pescador que un día maldijo que Jesús fuera a la cruz a morir y pensó que su negocio estaba en bancarrota, ahora se deja crucificar como un mártir a causa de su Maestro.

Pedro conoció la prosperidad que va mucho más allá de los límites naturales.

Ahora imagínate la escena de Isaac y Abraham cuando el primero le pregunta sobre lo que van a sacrificar. Lo más fácil para Abraham era abortar la misión, los número no le están cuadrando en este negocio, ya caminó mucho y Dios ni las luces. Pero Abraham sabe que Dios es mucho más que un cordero, mucho más que un holocausto, incluso, más que su hijo Isaac.

Así que le contesta a su hijo: Dios proveerá.

Génesis 22:7-8 “Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

Autor: Dante Gebel

Paráfrasis por Josué Manuel Guzmán


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