¿Te has puesto de rodillas ante algo o alguien?


¿Alguna vez te has arrodillado ante una persona o ante algún objeto inanimado? Luego de leer esta corta reflexión ten cuidado a quien rindes culto y veneración.

El apóstol Juan (quien escribió el Apocalipsis o Revelaciones) se encontró con una situación penosa en el capítulo 19. Juan se postró a los pies de un ángel para adorarlo. Lo sorprendente de todo es la respuesta tajante pero a la vez amable y humilde que le dio el ser celestial al mortal. El ángel le dijo que no se postrara ante su persona, que no le adorara ya que era un consiervo de él (de Juan) y de todos los hermanos que retienen el testimonio de Jesús.

¡Qué sabiduría la de ese ángel! cuando leí este versículo se me vino a la mente todas aquellas veneraciones y puestas de rodillas que algunos hacen ante personas y/u objetos totalmente inanimados y de creación humana. La Biblia es sumamente clara (y ojo estamos hablando de la misma Biblia) al hablar sobre la idolatría de este mundo.

Si el mismo ángel, un ser celestial mucho más puro y noble que cualquier humano y objeto, le dijo a Juan que no se postrara ante él para adorarlo, quiere decir que ninguno de nosotros debería permitir, por más santo y enviado de Dios que se creyera, que una persona se arrodille y nos adore. Este es un tema muy escabroso, ya que piensan que cuando hablo de imágenes estoy ofendiendo tal o cual religión o creencia. Al margen de toda religión y dogma, quiero sujetarme al denominador común: La Biblia. En ella se nos habla claramente que reverenciar o hacer culto a cualquier persona u objeto que no sea Dios, no está correcto, no es debido y no conviene.

A Dios no le gusta compartir su gloria con nada ni con nadie, no doblemos nuestras rodillas hacia personas o cosas que no son los indicados. Leamos la Biblia e instruyámonos hacia quien debe ir dirigida nuestra adoración, súplica y reverencia. Una pista, pon atención a lo que el ángel le dijo a Juan.

Apocalipsis 19. 9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Éstas son palabras verdaderas de Dios. 10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.

por Josué Manuel Guzmán


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