No quiero ser de Nazaret


¿Por qué será que a lo nuestro le hacemos el feo? Tenemos grandes talentos en el canto y preferimos a Lady Gaga, tenemos bonitos lugares que visitar en nuestro país y preferimos ir de vacaciones fuera de él. Para ver un show local estamos dispuesto a dar poco o nada y cuando es un show internacional somos capaces hasta de endeudarnos con la tarjeta de crédito.

¿Será que lo nuestro es de mala calidad? ¿Será que lo nuestro es peor? Yo creo que no es así, lo nuestro tiene mucha calidad, tenemos grandes talentos, tenemos muy bonitos lugares, nuestra gente es de calidad mundial y el trabajo que hacemos es también muy competitivo.

Entonces ¿por qué le hacemos el feo a lo nuestro, a nuestra gente? Para responder esta pregunta creo que es necesario remontarse a la época de Jesús. Como todos saben, Jesús fue un hombre sin igual, fue un hombre que obraba milagros, sanaba a personas y hacía el bien a todo aquel que quería que le hicieran el bien. ¿Quién despreciaría a un hombre que puede sanar a nuestra mamá, esposa, hijo o familiar querido? ¿Quién prefiere morirse a recibir vida de un hombre como Jesús?

Yo se quien: Un Nazareno. Los de Nazaret habían visto crecer a Jesús, sabían que era hijo de un carpintero, hijo de María, una mujer común y corriente, y hermano de personas que no tenían nada de especial ni sobrenatural. Nazaret era muy querido por Jesús, sin embargo se entristeció ya que por la incredulidad de ese pueblo no pudo hacer muchos milagros. Jesús dijo muy triste que no había profeta en su propia tierra.

Gracias a Dios tu y yo no somos de Nazaret y se nos hace mucho más asequible creer en Jesús. ¡Vamos! No te hagas el nazareno, no desprecies lo internacional, no desprecies la calidad de importación. No desprecies a Jesús.

Marcos 6. 3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra,t y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

Por Josué Manuel Guzmán

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