El peso de la conciencia


En varias ocasiones he mencionado que hay dos personas en el mundo a las cuales nunca podremos engañar, la primera es Dios que conoce todos nuestros pensamientos; y la otra es nuestra propia persona. Nadie se puede dar atol con el dedo, dicen que una mentira de tanto repetirse se hace verdad, sin embargo, en nuestro interior, en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que no es así.

Hay muchas personas que han escalado, que se han beneficiado de un mal proceder, de una traición, de una mentira, de un delinquir, de aplastar y dejar en el camino a otros indebidamente. Hay quienes han ofrecido su cuerpo por tal de subir en el escalafón de la sociedad, se han prestado a seducir al jefe, al que tiene la firma de poder para poder salir “avante” de una situación.

Muchos andan por ahí gozando de los beneficios de su mal proceder, sin embargo hay alguien que nunca está tranquila: tu propia persona. La conciencia puede convertirse en un verdadero pesar, en algo que no hace que disfrute la vida a plenitud y tener siempre un martillo que aplasta sobre la culpabilidad. ¿De qué sirve ganar algo si nuestra conciencia nos acusa día y noche por nuestro mal actuar en ese gane? No sirve absolutamente de nada, es más, trae desgracia a nuestra vida.

Podrás decir “me salí con la mía al engañar a mi esposa sin ella darse cuenta”. Los estragos de esas traiciones e infidelidades son muy fuertes. Tu conciencia, por más que luches y por momentos se te olvide, estará recordándote tu culpa cada vez que beses a tu esposa, le des un abrazo a tu hijo o mires un retrato donde todos están felices. La conciencia se puede tornar nuestro peor verdugo, mucho más de lo que nos podamos imaginar.

Es mejor estar a cuentas con Dios y tener la conciencia tranquila. ¡No haya nada mejor que ver a los ojos a las demás personas sin tener cargos de conciencia! ese hecho trae libertad, trae paz y mucha felicidad a tu vida. Te aconsejo que ahora te pongas a cuenta con Dios y con tu prójimo. Muchas veces el comentar una traición no es opción por lo delicado de la situación, sin embargo puedes prometerle a Dios que te arrepientes y que desde este día harás lo correcto. Serás testigo de una transformación de tu vida. Si le debes a alguien, págale. Si has hecho mal a alguien compénsalo. Sólo ten en mente que el que la hace la paga, tarde o temprano.

Génesis 42: 21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.

por Josué Manuel Guzmán

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