¿Te cuesta hacer amigos?


¿Por qué entrar a este blog y leer acerca de cómo ser bienvenido en todas partes? ¿Por qué no estudiar profundamente la técnica del más grande conquistador de amigos que ha conocido jamás el mundo? ¿Te preguntarás, quién es? Es muy posible que lo hayas visto esta mañana, en tu casa o por la calle. Lo reconocerás ya que estando a cinco metros de ti, te agitaré la cola. Si te detienes a acariciarlo, saltará como enloquecido para demostrarte lo mucho que te quiere. Tú sabes muy bien que detrás de esa muestra de afecto no hay motivos escondidos: no quiere venderte un carro, no quiere venderte una casa, no quiere casarse contigo ni mucho menos pedirte dinero prestado.

¿No te has detenido a pensar que el perro es un animal que no tiene que trabajar para ganarse el sustento? La gallina tiene que poner huevos, la vaca dar leche y el canario cantar. Pero el perro se gana la vida sólo con demostrar su cariño por el dueño.

Cuando estaba pequeño, mi padre llevó un Pastor Alemán con Lobo a la casa, bien me recuerdo que era mi compañero fiel, jugaba con ese perro a morir, pasaba mucho tiempo con él, le quitaba las pulgas. Después de un descuido de mi amado padre, el perrito casi se muere y le quitaron la cola, sin embargo desde ese día el perro fue perdiendo fuerzas y al pasar algunos años, murió.

Duke (así se llamaba mi perrito) nunca recibió un curso de cómo caer bien. No lo necesitaba. Sabía, por instinto divino, que tu puedes ganar más amigos en dos meses interesándote de verdad en los demás, que los que se pueden ganar en dos años cuando se trata de interesar a los demás en uno mismo.

Esta claro que los demás no se interesan en ti, no se interesan en mí. Se interesan en sí mismas, mañana, tarde y noche. Hay un estudio que dice que una de las palabras más utilizadas por la humanidad es, si justamente la que estabas pensando, el pronombre “yo”. Yo, Yo, Yo, Yo, Yo.

Te lo voy a demostrar. Cuando tú miras la fotografía de un grupo en que estás tú ¿a quién miras primero? Si nos limitamos a tratar de impresionar a la gente y de hacer que se interese por nosotros, no tendremos jamás amigos verdaderos, sinceros.

Cuenta una historia que un vendedor que cada vez que llegaba a la tienda de un cliente, hablaba con el empleado de refrescos y el del mostrador unos minutos, antes de hablar con el dueño para recibir la orden. Un día el dueño le dijo que no tenía interés de su empresa porque consideraba que esta firma estaba concentrando sus actividades en los supermercados, en detrimento de las tiendas pequeñas. El vendedor, como es de esperarse, salió muy decaído y dio vueltas por el pueblo varias horas. Al fin decidió volver a la tienda y tratar de explicarle al dueño la posición. Cuando volvió a entrar, como siempre saludó a los empleados. Al verlo el dueño, le sonrió y le dio la bienvenida. Le dio una orden de compras que superaba las habituales. El vendedor lo miró sorprendido y le preguntó qué había sucedido para hacerle cambiar de opinión desde su visita de hace unas pocas horas. El dueño le señaló al muchacho del mostrador de refresco y le dijo que cuando se había ido hace rato, este muchacho se le acercó y le comentó que ese vendedor es uno de los pocos que venían a la tienda y que se molestaba en saludarlo, a él y a otros empleados. Le dijo al dueño que si había un vendedor que se merecía hacer buenos negocios, era él. El dueño estuvo de  acuerdo, y siguió siendo un buen cliente.

Recuerda que un genuino interés en la otra persona es la cualidad más importante que pueda tener un vendedor, o, en realidad, cualquier persona. Todos nosotros, seamos obreros en un fábrica, empleados de oficina, o incluso reyes, gustamos de la gente que nos admira.

Si queremos obtener amigos, dediquémonos a hacer cosas para los demás, cosas que requieren tiempo, energía, altruismo. Apréndase el cumpleaños de sus amigos, de sus compañeros de trabajo. Sírvale una taza de café todos los días a su jefe, o un vaso con agua. Es probable que no sea su trabajo, pero son los pequeños detalles que harán la diferencia al momento de un aumento, al momento de ascenso.

Si queremos hacer amigos, saludemos a los demás con animación y entusiasmo. Cuando hable por teléfono digamos un “hola” con un tono que revele cuán complacidos estamos por escuchar a quien llama. Mostrar un interés genuino en los demás no sólo te reportará amigos, sino que también crea lealtad.

Si usted quiere ser bienvenido y agradar a los demás no se olvide de la regla número 1. INTERÉSESE SINCERAMENTE POR LOS DEMÁS.

Efesios 4. “32. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

Autor: Dale Carniege

Paráfrasis: Josué Guzmán


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