Si no hace esto, va a pasarla mal


El común de los hombres se interesa más por su propio nombre que por todos los demás de la tierra. Si se recuerda ese nombre y lo menciona cotidianamente, el dueño se sentirá muy halagado. Pero si se olvida o se escribe mal ese nombre, hemos ganado una gran desventaja con esa persona.

A veces es muy difícil recordar un nombre, sobretodo si no es de por acá.

Recordar y honrar los nombres de nuestros amigos y allegados, es uno de los secretos mejores guardados para que en la vida nos vaya con gran éxito.

Si somos propietarios de un negocio debemos de saber los nombres de nuestros empleados. Si somos jefes, debemos saber los nombres de nuestros colaboradores, si tenemos compañeros de trabajo; debemos saber de memoria los nombres de nuestros compañeros.

Un modo de dar calidez a una amistad, a una relación es recordar los nombre de la gente. La persona que no puede recordar nombres, esta diciendo en otras palabras que no puede recordar un parte importante de su trabajo.

Las personas sienten tanto orgullo por sus apellidos, que tratan de perpetuarlos a cualquier costa. Muchas veces hay peleas campales para que la mujer no pierda su apellido materno.

Muchos de los edificios llevan en sus placas los nombres de aquellos que hicieron posible su construcción a través de sus donaciones. Hay planetas y cometas que  llevan el nombre de quien los descubrió. Hay marcas importantes como Ford, Mercedes Benz, Levi’s, WalMart (su fundador fue Sam Walton), Adidas (Adolf Adi Dassler), Toyota (Kiichiro Toyoda), Barbie (la hija de Ruth Handlers se llamaba Bárbara), Harley Davidson y muchas otras más.

Llamemos a nuestros semejantes por sus nombres, pero con mucha sinceridad. No importa que esas personas sean retraídas, cerradas y cortantes. No tengamos una falsa cortesía con nuestros semejantes.

Este pequeño gran detalle hace que las demás personas se sientan muy importantes y se sentirán muy cómodos y agradecidos con usted.

¿Cuántos de nosotros hacemos lo mismo? Cuando nos presentan a un extraño, conversamos con él unos minutos y generalmente no recordamos ya su nombre cuando nos despedimos.

Una de las primeras lecciones de diplomacia es recordar el nombre de la persona con la que está tratando; olvidarlo significa perder la estrecha relación.

Todo esto requiere tiempo. Pero la importancia de recordar y usar nombre nos puede servir a todos.

Deberíamos tener presente el gran poder que hay detrás de un nombre, y comprender que es algo propio exclusivamente de esa persona, y de nadie más. El nombre hace sentir único entre todos los demás.

La información que damos, o la pregunta que hacemos, toma un importancia especial cuando le agregamos el nombre de nuestro interlocutor.

REGLA. Recuerde que para toda persona, su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma.

Mateo 22. “36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Autor: Dale Carniege

Paráfrasis: Josué Guzmán

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