La expresión del amor es cuestión de voluntad


ImagenLa pasión por Cristo es la pasión suprema de todo cristiano y debe ser la principal en nuestra vida como creyente. Esta fue la pasión arrolladora del apóstol Pablo, uno de los líderes más grandes que ha conocido la iglesia. Gálatas 2. “20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Meditemos un poco en las impactantes palabras de Pablo en Filipenses 3: “7Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”

Tal pasión por Jesús pone al cristiano aparte de los demás. Nuestro compromiso más profundo debe ser para Cristo, nuestra inmutable devoción, nuestro amor supremo, la pasión absorbente de nuestra vida.

El conocerlo más y más debe ser el conocimiento que más deseemos. Complacerlo más y más debe ser nuestro mayor anhelo, y glorificarlo más y más, nuestra suprema ambición.

Él, solamente Él es nuestra meta y nuestro ejemplo. Él es nuestro principio y nuestro fin. El amor por Cristo se transmuta en un amor personal, profundo y emocionante por Cristo.

La vida cristiana es vivir enamorado de Jesús, descansar en sus brazos.

Ningún cristiano es mayor al amor que tiene por Cristo. El Espíritu Santo puede desarrollar en nosotros una devoción tan ardiente como Él lo hizo en aquellos días.

El peligro más crucial para un cristiano es el de atarearse tanto que descuide amar a Jesús, que falle en llevar una vida de ardiente devoción y “enamoramiento” de Jesús.

Expresar el amor lleva tiempo. El amor debe ser frecuentemente expresado sin prisa. El Espíritu Santo ansía dirigirnos a un amor cada vez más emocionante por Jesús.

El compromiso y expresión del amor es cosa de voluntad, mucho más profundo que la emoción. El amor por Jesús no es un sentir religioso que elaboramos ni un afecto ocasional y pasajero.

Pero que es lo que pasa muchas veces, que el amor por nuestro Jesús es, con demasiada frecuencia, tristemente impersonal. Creemos en Su persona, adoramos Su persona pero nos relacionamos con Él en forma excesivamente impersonal. Hay demasiada distancia, una trágica calidad de remoto en nuestra comunión.

¿Cuánto verdaderamente amamos a Jesús?

Humillémonos ante Él. Confesemos cuán fríos e informales somos al expresarle nuestro amor a Él. Pidámosle al Espíritu Santo que nos dé un nuevo bautismo de amor por Jesús. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para amar a Jesús como debemos.

No esperemos a que “nazca” en nosotros el deseo de amar a Jesús, hagámoslo. Congreguémonos con frecuencia, leamos la Biblia y oremos a diario, ayunemos para que Cristo viva en nosotros.

La respuesta que nos da Jesús es Juan 14. 21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.”

por Josué Manuel Guzmán


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