El Romance con Dios


OrarLa palabra oración ha llegado a ser una palabra negativa. ¿Por qué lo digo? El ministerio de oración es uno de los que menos le interesa a la gente participar. Regularmente el culto de oración son de los menos concurridos. Si digo que predicaré acerca de la oración, en lugar de atraer, ahuyentaré a la gente. Como siempre, hay más de una razón por la cual la oración se ha hecho algo negativo.

  • La repetición, sin saber nunca cuántas veces hay que repetirle a Dios lo mismo para que nos escuche.
  • La falta de respuesta a muchos de nuestros pedidos (según Santiago), porque pedimos mal.
  • Creer que orar es pedir y pedir.
  • Pedir cosas que Dios espera que las hagamos nosotros.
  • Pedir cosas que ya Él prometió darnos.
  • No recibir las cosas necesarias para la vida, porque no buscamos primero su reino.

Todo esto hace que se nos crucen muchas dudas en cuanto a la oración. ¿Estoy pidiendo bien? ¿Será que no tengo fe? ¿Será que no repito los pedidos lo suficiente? ¿Será que tengo que orar más horas? ¿Será que tengo que ayunar más?

He descubierto que el secreto no está en lo que yo debo hacer, sino en lo que Él quiere hacer con nosotros. No es tan importante lo que yo le puedo decir a Él, sino lo que Él me quiere decir a mí. Dios no necesita mi información, Él de hecho ya la tiene. Soy yo el que necesito ser informado por Él.

Debemos de dedicar más tiempo a la semana a no “hablar”, sino ESTAR con Él. No a “pedir”, sino para ESTAR.

Elijamos un lugar tranquilo para ESTAR con Él, sin ninguna pretensión, estar para acompañarlo, para contemplarlo y meditar en Él, estar para gozarme con Él sin pedirle nada, presentarme “como sacrificio vivo, santo y agradable a él”.

Esto al principio puede sonarle locura, pero he aprendido que la oración es una acto de fe, “la demostración o convicción de lo que no se ve”. Allí es donde más fe se necesita, porque estamos ante UNO invisible.

Al ESTAR sin pedir y sin hablar demasiado, usted comenzará a visualizar a Dios, su trono, a Jesús, al Espíritu Santo. Trate de visualizar la gloria, el resplandor, la majestad.

Atención, la oración NO ES NEGATIVA, sino que se hizo negativa por el mal uso, y por eso la mayoría no ora, no habla con Dios.

La gente prefiere escuchar una predicación, un concierto, que estar con Dios hablando. Algo sinceramente está mal con el uso de la palabra oración.

La experiencia de contemplar a Dios ha hecho ver que este tiempo es un tiempo de romance. Para mi estar con Dios es estar con mi amigo, con mi novia, con mi esposa en una relación de amistad y amor. No importa si hablamos o no, importa estar juntos.

He descubierto que Dios, generalmente, no nos habla en la oración porque no le damos lugar. En las oraciones hablamos nosotros y cuando terminamos decimos “amén”, nos levantamos y nos vamos; Él solo debe escuchar.

Al estar en silencio, nos habla poniendo intuiciones en nuestro corazón e ideas en nuestra mente.

Tengamos momentos más de romance con Dios. Romance es una forma nueva y positiva de definir la oración. Siempre hay tiempo para el romance.

Por Josué Manuel Guzmán


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